La «WM», el sistema

La «WM» o 3-2-2-3 supuso la primera revolución táctica sustancial hacia un fútbol más defensivo. El repliegue de los centrocampistas y la aparición del defensa central dibujó un esquema táctico que reinó durante tres decenios.

Charlie Buchan lidera la salida del Arsenal al campo (1926). Buchan, junto al entrenador Herbert Chapman, contribuyó a «dibujar» los primeros trazos del sistema táctico conocido como «WM».

La «WM» fue el primer sistema sofisticado del fútbol moderno, sobre todo porque puso cierto orden en el terreno de juego. Influyó de tal modo en la concepción del fútbol que su predominio duró alrededor de treinta años, hasta que, en 1953, se impuso el 4-2-4 practicado por la Selección húngara.

El fútbol europeo de finales del siglo XIX y principios del XX poco tenía que ver con el actual: era algo parecido a lo que se juega en los patios de las escuelas, donde un tumulto de niños corre tras el balón. No había tácticas y el juego consistía, básicamente, en apoderarse de la pelota y regatear a tantos rivales como salieran al paso para intentar marcar gol.

Con el cambio de siglo los escoceses provocaron la primera gran revolución del fútbol. Hicieron del pase el principal argumento y arrinconaron el anterior individualismo, lo que dio como primera consecuencia una distribución por puestos mucho más real: dos defensas, tres centrocampistas y cinco delanteros (2-3-5), el primer esquema importante del fútbol.

Un cambio trascendental

En 1925, la International Board, el organismo legitimado para variar las normas del fútbol, decidió transformar el fuera de juego. Ya no sería necesaria la presencia de tres defensores entre el delantero y la linea de fondo, sino dos, lo que provocó una revolución extraordinaria. Hasta ese momento el fuera de juego venía siendo utilizado como una trampa, y el sonido del silbato del árbitro señalándolo se repetía decenas de veces en cada partido, para desaliento de jugadores y espectadores.

George Camsell jugando con el Middlesbrough

Pero tras alterar la norma todo cambió. Los delanteros tenían mucha más libertad de movimientos, y eso se notó de inmediato: de 4.700 goles conseguidos en la Liga inglesas en la campaña de 1924-25 se pasó a los 6.373 de la 1925-26, un aumento cercano al 30%. Esa nueva situación fue aprovechada por los grandes goleadores como George Camsell o Dixie Dean, que marcaron 59 y 50 goles, respectivamente, en las temporadas 1926-27 y 1927-28, unas cifras realmente escandalosas.

William Ralph Dean, más conocido como Dixie Dean, vistiendo la camiseta de Everton

Los trazos de la «WM»

La «WM» se caracterizaba por su columna vertebral, integrada por el portero, el central (3) y el delantero centro (10), que fueron los futbolistas más cotizados. Todavía hoy los entrenadores procuran que sus equipos tengan una espina dorsal fuerte, con un gran portero, un buen central, un centrocampista organizador y un delantero resolutivo.

El 2: Un lateral cuya misión era frenar al 11 rival. El lateral tenía que ser rápido y fuerte en el choque; una vez lograda la posesión, su cometido era buscar al número 9, al 5 o al 7, pero sobre todo al extremo derecho.

El 4: Como el 2, pero su opción «ofensiva» era procurar que «su» 11 recibiese el balón, aunque como recurso estaban el 6 y el 8.

El 5: Medio volante derecho. Un centrocampista por la derecha, más bien defensivo, parecido a un central técnico de los equipos de hoy. Corpulento, era lo bastante hábil para introducir el balón hacia arriba.

El 3: El central. El baluarte del equipo. Corpulento y fuerte en el choque, dominaba el juego aéreo y su rival principal era el 10.

El 6: Medio volante izquierdo. Como el 5 pero zurdo; en efecto, como el sistema era simétrico, su misión era la misma que la del 5.

El 9: Extremo derecho. Hábil y veloz, su papel principal era encararse con el 4 rival y, cuando llegaba a la línea de fondo, centrar el balón a su 10.

El 7: El hombre más hábil del campo derecho. Su papel era, una vez conseguida la posesión del balón, montar el juego ofensivo en la cancha contraria enlazando con el 8, el 9 y, desde luego, el 10, aunque era más común que buscase la banda.

El 10: Delantero centro-ariete. Era siempre el ídolo del equipo y marcaba más del 50% de los goles. El 10 era alto, fuerte, rápido y de fácil remate, con las piernas y con la cabeza.

El 8: Como el 7, pero zurdo.

El 11: Extremo izquierdo. Como el 9, pero zurdo.

Arsenal, el pionero

Charlie Buchan, jugador que una vez fue el más caro de la historia del fútbol, y su entrenador en el Woolwich Arsenal, Herbert Chapman, vieron claro que, para frenar esa hemorragia de goles había que retocar el dibujo táctico. Su primera decisión fue sacar a Jack Butler de la línea de centrocampistas, concretamente de la posición de medio centro, e incrustarlo en el centro de la defensa. Butler fue, por tanto, el primer marcador central del que se tenga constancia en la historia del fútbol.

Jack Butler (a la derecha) junto a su compañero del Arsenal Andy Kennedy

Poco después Chapman y Buchan hicieron su segundo retoque al retrasar a dos de los cinco delanteros, los interiores, creando una nueva línea intermedia que haría de nexo entre los centrocampistas y los tres hombres punta. El resultado de esta catarsis traducido a números fue un 3-2-2-3, una distribución táctica que, tanto si se mira desde la delantera como desde la defensa, dibuja sobre la pizarra las dos letras que le dan nombre: WM.

Herbert Chapman, entrenador del Arsenal, charla con el goleador escocés Alex James (a la derecha). La imagen corresponde a 1932, un año de impasse en la gloriosa trayectoria del técnico.

Los resultados tardaron muy poco en convencer al resto de equipos ingleses: el Arsenal ganó el primer título de Liga de su historia en 1931, al que sumó los de 1933, 1934, 1935 y 1938, además de conquistar la Copa de Inglaterra en 1930 y 1936. Semejante palmarés da una idea del impresionante aumento cualitativo que la «WM» hizo experimentar al club de Highbury, que, bajo la dirección de Herbert Chapman, se convirtió en el auténtico dominador del fútbol inglés y escribió una leyenda.

La Selección inglesa y muchos equipos y combinados europeos se adhirieron al nuevo esquema de juego, que reinó de manera incontestable durante casi 30 años y se convirtió en «el sistema» por excelencia.

30 años después, Hungría aniquila la «WM»

El 25 de noviembre de 1953, en el grandioso estadio de Wembley, Inglaterra y Hungría se enfrentaron en un partido histórico y memorable que, como se vería más tarde, provocaría un profundo cambio en los planteamientos tácticos del fútbol. La «WM», distribución hegemónica durante cinco lustros en todo el mundo futbolísticamente civilizado excepto en el centro de Europa, iba a perecer estrangulada a manos de Hungría y a tan sólo unos metros de donde vio la luz.

La Selección húngara comandada por Puskas en Wembley (1953)

Antes del encuentro, nadie en Inglaterra temía la derrota. Ni la prensa, ni la afición, ni los jugadores parecieron detenerse a pensar en que los húngaros se presentaban habiendo ganado 25 y empatado 6 de sus últimos 31 encuentros, con el agravante de que en todos ellos habían logrado marcar al menos un gol.

El partido suponía, además del choque entre dos potencias del fútbol europeo, la confrontación de dos planteamientos tácticos muy diferentes. Inglaterra esgrimió la ya por entonces clásica «WM», con tres defensas, dos volantes de contención, dos de creación y tres delanteros. Enfrente, la rebeldía centroeuropea del 4-2-4, un sistema de juego que cinco años más tarde daría el campeonato del mundo a Brasil (Suecia ’58). El resultado final, 6 a 3 a favor de los magiares, supuso la primera derrota en toda su historia de Inglaterra en Wembley. La trascendencia de la derrota fue tal que se abrió en toda Inglaterra un agrio debate futbolístico, principio del fin del sistema táctico, la «WM», cercano ya por entonces a los 30 años de reinado en casi todo el mundo.

Y para los más escépticos del cambio, para los más inmovilistas aficionados británicos, Hungría y «su» 4-2-4 tenían otra sorpresa preparada: en mayo de 1954 y esta vez en Budapest, la victoria húngara sobre Inglaterra fue de 7 a 1.

La réplica Húngara: el 4-2-4

A principios de los años 50, los húngaros mejoraron (mejor dicho, destruyeron) la «WM» al retrasar el delantero centro y alinear un cuarto defensor, con lo que crearon el 4-2-4.

La Selección húngara en los años 50

Quien primero puso en entredicho el futuro de la «WM» fue el Wolverhampton Wanderers (Wolves): «el sistema» tenía una gran debilidad, que el Wolves explotó con sus extremos. El 9, al regatear —por ejemplo— al lateral izquierdo rival (el 4), provocaba que el lateral derecho tuviese que bascular y dejar muchísimo espacio, de lo que se aprovechaba el extremo izquierdo (11). Evidentemente, a la zaga de la «WM» le faltaba un jugador. Mientras tanto, los húngaros se habían dado cuenta de lo mismo y pusieron el último clavo en el ataúd de la «WM». La Selección inglesa era invencible en Wembley, pero en 1953 los húngaros le endosaron un humillante 3 a 6.

Ferenc Puskas

Ferenc Puskas fue la figura del partido, pero el jugador clave fue Nandor Hidegkuti. Su colocación fue una obra maestra: en vez de jugar de delantero centro convencional, retrasó su posición, con lo que el central inglés salió en su busca y dejó la zaga desguarnecida; la Selección inglesa quedó sumida en el caos. Pero Hungría no sólo había retrasado a su 10, sino también al 6, colocándolo en la zaga y consiguiendo una defensa de cuatro hombres. Con esto, los húngaros habían creado el 4-2-4, así como un nuevo tipo de futbolista, un 10 más móvil y completo. Hidegkuti fue el prototipo del 10 completo, como posteriormente iban a serlo Alfredo Di Stéfano y Bobby Charlton.

Nandor Hidegkuti

Los sistemas son sólo referencias para que los futbolistas tengan una red de seguridad en el campo, una ayuda. Hidegkuti rompió la red inglesa y sembró la incertidumbre, y entonces Puskas dio el tiro de gracia. Los ingleses buscaron la revancha, provocando un partido entre el campeón inglés, el Wolves, y el campeón húngaro, el Honved de Budapest, la «WM» contra el 4-2-4; los húngaros, faltos de algunos de sus mejores hombres, sucumbieron y el Wolves se autoproclamó campeón de Europa. (Esto suscitó tal polémica en el continente que dieciséis clubs, invitados por el periódico deportivo francés L´Equipe, se reunieron en París en 1955 y crearon la Copa de Europa de Clubs Campeones, en la que desde entonces participan los vencedores de los campeonatos de Liga.)

El portero inglés Merrick observa el balón dentro de su marco. Hungría, guiada por Ferenc Puskas, endosó a Inglaterra un resultado propio de un set de tenis (3-6). «Ayer ocurrió lo inevitable. Inglaterra fue batida por el invasor extranjero», dijo The Times.

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