Pc Fútbol (Contigo empezó todo)

Para aquellos que no vivieran en el planeta tierra en los noventa el Pc Fútbol es un juego mítico de fútbol, donde uno se podía poner en la piel del entrenador-presidente de cualquier club que militase en 2ªB española y hacerlo campeón de Europa. (En versiones posteriores hubo expansiones para el Calcio y la Premier)

En cierta medida fue el padre de lo que hoy tenemos delante, el mundillo verde del Hattrick, y el que nos metió a todos el veneno en el cuerpo de los juegos de gestión de fútbol. Yo era feliz cuando salía con mis 2000 pesetas de casa (creo que eran dos mil pelas de los noventa lo que costaba el juego, para los de la ESO deciros que serían unos doce euros aproximadamente), e iba a comprar el juego al kiosko, sí, al kiosko donde se vendía prensa y revistas (¿a que os ha explotado el bulbo raquídeo?). Y abrirlo era casi un ritual, con su CD-Rom, su revista, con ese olor… El material del que estaban hechos los sueños de cualquier prepúber, y con lo que uno dejaba de tener vida social hasta subir a primera división al Barakaldo, que en mi caso es el equipo de mi ciudad. Y comenzábamos a fichar y vender, a ojear, a calcular subidas y bajadas de potencial (¿a qué os suena la jerigonza?) y sin quererlo nos convertíamos en lo que hoy en día en el mundo del fútbol se llama experto en scouting. Pero lo curioso es que nosotros lo hacíamos para divertirnos, pero los clubes profesionales daban sus primeros pasos también en ese mundo.

Estamos hablando que el Pc Fútbol, el sanctasanctórum entre los juegos de fútbol, tiene más de veinte años. Hoy en día los equipos profesionales de fútbol utilizan herramientas de última generación de datos o análisis de vídeo para gestionar todo el tema de scouting antes de fichar un jugador, lo último que se hace en realidad es ir a ver al jugador en cuestión a pie de campo. Muchos clubes hoy en día reconocen utilizar Wyscout, que es una especia de base de datos a nivel mundial de jugadores y profesionales del fútbol, pero a finales de los noventa para eso se utilizaba el Pc Fútbol con la cara de un eterno Michael Robinson sonriente en la portada.

En las últimas versiones del juego había ya varias ligas y teníamos prácticamente hasta la Tercera División española, con todas sus plantillas al completo. Cada jugador venía con unos parámetros técnicos, físicos y psicológicos perfectamente definidos y valorados. Detrás del proceso de creación del Pc Fútbol había una labor real de scouting para la base de datos del juego. La empresa creadora, Dinamic, contaba con infinidad de colaboradores que se encargaban de valorar a los jugadores. Y de ese trabajo se valían los clubes, no lo seguían al pie de la letra, pero les servía de referencia como primer cribado en la labor de scouting. Era lo que hoy conocemos como Big Data, un tanto arcaico, pero era lo que había en la época.

Uno de aquellos creadores fue Gaby Ruiz, que tras trabajar durante años como periodista en Canal +, terminó en la dirección deportiva del Middlesbrough junto a Karanka de entrenador. Hoy en día está en el Leeds a las órdenes de Víctor Orta, un loco entrañable que fue el artífice de que Bielsa pusiese un pie en la ciudad de Yorkshire.

Todo en la vida tiene su principio y su fin, y el Pc Fútbol como tantos otros juegos terminó por desaparecer (no ha desaparecido del todo, hay grupos de fans del juego que siguen actualizando la base de datos y sacando nuevas versiones de manera altruista. O algún proyecto que trata de rescatar el viejo aroma pcfutbolero como Unifútbol), y dió paso a una evolución del Championship Manager, el Football Manager (si queréis mantener vuestra vida social intacta, por favor, borrad lo último que os he dicho). El Football Manager es un juego inmenso, gigantesco, inabarcable (de hecho si tratas de jugar todas las ligas que trae a la vez tu ordenador muere y se apaga una estrella en Argo Navis), pero ahora sí que sí, una poderosísima herramienta de scouting que hasta los propios clubes de fútbol utilizan porque tiene una base de datos monumental. De hecho hay clubes como el Everton que tiene un acuerdo de colaboración con Sports Interactive (la desarrolladora del juego) para tener acceso a la base de datos y así poder detectar nuevos talentos. Incluso Prozone (para los legos en la materia os diré que es una poderosa herramienta de análisis en el deporte, no sólo en el fútbol, que estaréis acostumbrados a ver con sus mapas de calor, líneas de pase, zonas de influencia, etc.) tiene un acuerdo de colaboración con Football Manager para usar su base de datos.

Actualmente Football Manager tiene a más de 1300 personas dedicadas a ojear jugadores en más de 51 países, tiene un programa para reclutar scouts en su página web, y uno de ellos fue José Chieria: «Vi al mejor futbolista que jamás había jugado en esa división. Demostraba su calidad en todo el campo y tenía intuición, habilidad. Era pura magia. Era delgado y no era rápido, pero lo tenía todo para jugar en la elite”. Ese jugador fue una de tantas promesas que Football Manager destapó antes de tiempo. Su nombre, Deco.

Con los años, Chieira logró dar el salto al fútbol de verdad gracias a su conocimiento de los clubes portugueses. “En 2001 recibí una invitación del Sporting de Lisboa para echar una mano a los ojeadores de las categorías inferiores. Era más una colaboración que otra cosa, pero en aquella época coordinaba a los ojeadores de Football Manager en Portugal y tenía un montón de información y de herramientas de trabajo. Me dio la oportunidad de trabajar junto a la gente que había descubierto a Cristiano Ronaldo, Quaresma o Simao”.

Desde entonces, la carrera de Chieira ha ido siempre a mejor. Del Sporting de Lisboa pasó a trabajar para el Vitoria de Setubal, pero en el equipo de ojeo de la primera plantilla. De ahí saltó al Académica de Coimbra, ya como ojeador jefe y director técnico, para más tarde hacer las maletas hasta Grecia. Recaló en el Panathinaikos en 2006, donde se encargó de dirigir al equipo de ojeadores de la ciudad hasta que cuatro años más tarde, en 2010, recibió una llamada del Oporto para regresar a su Portugal natal. Desde entonces ha ayudado al equipo a conquistar tres ligas y una Europa League.

Así que amiguitos de los números en Hatrick o cualquier otro juego de gestión ambientado en el mundo del fútbol, quizá vuestro futuro os está esperando como ojeador del FC Torpedo Kutaisi georgiano.

World Cup 66 Willie

Hace ya algún tiempo empecé con una serie de artículos, que más tarde se convertirían en un blog, en un lugar pequeño, entre amigos. Lo llamé «La Gramola» donde quise unir mis dos pasiones frustradas: el fútbol y la música. Quizá por ser un aporreador nefasto de la guitarra o un jugador mediocre de banda volcaba en «El fútbol tiene música» la necesidad de quitarme la espina. La cosa parece que caló un poco y es por eso que hoy estoy por aquí.

Para mí la gramola es ése armatoste con alma nostálgica al fondo del bar, donde mientras en la televisión ponen una reposición del Argentina-Holanda del 78 puedo echar una moneda y elegir una canción que a veces de manera sutil, otras de manera arrebatadora, ata con un nudo los dos hilos de mis pasiones. Poner música al fútbol contando una pequeña historia que salte del banquillo o hablando de la música como banda sonora emocional de nuestras vidas. Pero no voy a aburrir más al personal con mis mierdas, al lío.

Lonnie Donegan

Lonnie Donegan, nacido como Anthony James Donegan en 1931, fué un músico de origen escocés conocido como «El rey del Skiffle». El Skiflle es un tipo de música creada por trabajadores pobres negros en los EEUU en los años 20, que tenía como seña de identidad la sencillez, tanto de armonías y acordes como en la forma de ejecutar las piezas o en los instrumentos usados. Cuatro acordes, una guitarra barata, tablas de lavar, dedales, algún cello, papeles, palos de escoba, etc. Todo valía para hacer música. En los 50 éste tipo de música desembarca en Gran Bretaña causando auténtico furor entre los jóvenes. Justo después de la guerra, atados a grandes privaciones, poder hacer música de una manera sencilla y barata fue la válvula de escape para muchos adolescentes. El Skiffle, en su vertiente británica, es el nacimiento de lo que hoy conocemos como «Rock and roll» y no en vano fue definido como un «rock and roll sin electrificar». Éste tipo de música desata la locura entre la chavalería de la época y fue el germen para bandas que marcarían la historia de la música. Los Beatles (que tuvieron su origen en la banda skiffle The Quarrymen), los Rolling, Jimmy Page e incluso los Bee Gees se iniciaron como intérpretes de Skiffle.

The Quarrymen

Pero volvamos al bueno de Lonnie. Citado con frecuencia por su importante influencia en la generación de músicos británicos de la década de los 60, fue el artista de mayor peso a nivel popular antes de los Beatles. Consiguió por primera vez que un músico de las islas colocase dos discos en el Top 10 estadounidense.

De padre músico, un violinista de la Orquesta Nacional de Escocia, tuvo acceso a educación musical desde muy joven. A los 14 años ya tocaba canciones country y blues, y se dejaba ver por algunos locales pequeños de jazz donde interpretaba versiones de «Frankie & Johnny» (hay una versión maravillosa de Johnny Cash), «Puttin’ on the Style» o «House of the Rising Sun».

Banda Skiffle en plena actuación.

En 1949 es llamado a filas y realiza el servicio militar en Viena, donde tiene contacto con tropas de los EEUU y escucha la música que se hace al otro lado del Atlántico y cambia discos con los soldados del tío Sam. Es ahí donde el Skiffle entra en su cabeza y poco a poco lo va incorporando a sus actuaciones. Lo que empezó siendo un divertimento entre canción y canción en las actuaciones de la banda en la que tocaba como músico (salía a escena y tocaba acompañado por una vieja guitarra española, una caja de madera y una tabla de planchar a modo de percusión tocada con unos dedales canciones de estilo folk y blues), se convirtió en todo un éxito. Grabó una versión de «Rock Island line» y lo terminó de petar.

Con una mezcla entre Johnny Cash y Buddy Holly, y dando su toque Skiffle, Donegan enlazó éxito tras éxito y estuvo en lo más alto en la década de los 50, tanto en Reino Unido como en los EEUU.

Un sonriente Lonnie Donegan en su época dorada como músico.

Hasta que llegó 1962. Aparecieron por el panorama musical unos muchachos de Liverpool para agitar el mundo hasta darle la vuelta. Ironías de la vida la estrella de Lonnie Donegan se fue apagando mientras que la de sus herederos musicales se convirtió en un auténtico Sputnik.

Aun así el amigo Lonnie dió de vez en cuando algún coletazo. Por ejemplo le escribió a Tom Jones «I´ll never fall in love again» en 1967, que fue y es un pelotazo. En 1978, por ejemplo, se juntó con unos amiguetes casi desconocidos para grabar nuevas versiones de sus viejos éxitos. Os recomiendo escuchar «I´m just a rolling stone», pero sobre todo «Diggin’ my potatoes» porque el piano de Elton John y la guitarra de Brian May te hacen explotar la cabeza. Una maravilla. Tambien dejan su impronta en ese disco arropando a Donegan gente como Ringo Starr, Rory Gallagher o Ronnie Wood entre otros.

Ya en 1998 Van Morrison lo rescata para grabar «The Skiffle Sessions – Live in Belfast». El primer disco que grababa Donegan tras veinte años sin un disco de estudio. El León de Belfast ha dicho más de una vez que Lonnie fue una gran influencia en su juventud, no en vano con doce años formó junto a sus compañeros de colegio su primera banda Skiffle. Gracias al álbum Lonnie Donegan relanzó su carrera hasta su muerte en 2002. Por cierto, vivió muchos años en Málaga.

Portada del disco «The Skiffle Sesions – Live in Belfast»

Y diréis, ¿qué puñetas tiene que ver todo esto con el mundo del fútbol?. Pues aquí es donde hilamos fino. En 1966 fue el mundial de fútbol que organizó Inglaterra (No es ningún spoiler a éstas alturas de la verbena, pero para los de la ESO os diré que Inglaterra ganó ese mundial, el único que tiene en sus vitrinas, sin jugar fase de clasificación por ser la anfitriona), eligieron una mascota resultona. Un león vestido con los colores del Reino Unido y le pusieron de nombre World Cup Willie, Willie para los amigos. Como dato curioso os diré que es la primera mascota oficial de la historia de los mundiales de fútbol. Y como una mascota necesita algo de música para bailar, le encargaron a Lonnie Donegan que escribiera una canción.

World Cup Willie

Así que con el permiso del respetable echo mi moneda por la ranura de la gramola, oigo el eco metálico dentro de la máquina y apreto el botón nacarado para que suene «World Cup Willie» de Lonnie Donegan.

Espero que os guste.

Un abrazo made in Bilbao.

Michel Platini

Elegancia, inteligencia, visión táctica y un acusado sentido del juego ofensivo eran las virtudes que hicieron de Michel Platini el mejor futbolista francés de todos los tiempos.

Balón controlado, el cuerpo en tensión y sobre todo, la mirada puesta más allá, donde desencadenará una jugada de peligro nacida en sus pies. Michel Platini hizo fácil lo difícil y transformó el fútbol en algo aparentemente al alcance de todos. Fue uno de los mejores interiores izquierdos de todos los tiempos.

Durante los años 80, Michel Platini fue la gran alternativa europea a la hegemonía del argentino Diego Armando Maradona en el fútbol mundial. Este centrocampista francés sorprendía por la clase que demostraba en cualquier acción, por su rechazo a lo vulgar y por su facultad de hacer fácil un deporte profesionalizado y con tantas presiones como el fútbol. Incluso la manera de situarse en el campo, de ordenar a sus compañeros, hizo que le compararan con el mismo Napoleón. Uno fue mariscal en el campo de batalla, y el otro en el terreno de juego.

Michel Platini ejecuta un tiro libre con el AS Nancy  (1973)

 

Desde que debutó en Primera División, con 18 años, sus compañeros asumieron la superioridad técnica y de carácter del joven Michel Platini. Su posición era la de interior zurdo, cuya principal misión era la de llevar el balón en buenas condiciones a sus delanteros. Pero Platini no se conformaba con esta misión de recadero. Sus recursos eran muchos y sorprendentes para un jugador con su inexperiencia en el fútbol profesional.

Sentido del pase

Para Platini, el fútbol no tenía secretos de medio campo hacia delante. En cuanto recibía el balón se marchaba raudo hacia la portería contraria con la intención de conseguir que él o uno de sus compañeros marcara. Pronto desarrolló a la perfección su innato sentido del pase, de la correcta distribución del balón. Su habilidad le permitía retener la pelota y distraer a su marcador hasta que podía conectar un pase medido a sus delanteros, sea con un balón metido en profundidad o con un toque que superaba por alto a su par.

Las virtudes futbolísticas de Michel Platini mejoraron con el paso del tiempo. Aprendió a no arriesgar tanto el balón en las acciones individuales y a buscar el camino más efectivo antes que el más espectacular.

El regate no fue un elemento desdeñable en el juego de Platini, que con el tiempo aprendió a no arriesgar tanto con el balón en jugadas individuales, en beneficio del conjunto.

Se convirtió en el punto de referencia constante de sus compañeros, que lo buscaban para pasarle el balón. A partir de su eclosión en el Mundial de 1982, muchos le reconocieron como el mejor jugador francés desde los tiempos de Raymond Kopa, aquel volante organizador hijo de mineros polacos que ganó tres Copas de Europa con el Real Madrid entre 1957 y 1959. En el Mundial de España, Platini deslumbró por su intuición en el pase, por la perfección con la que se entendía con Tigana, Giresse y Rocheteau, y por su constante presencia en todo el juego ofensivo de su equipo.

El triunfo de la inteligencia

La gran virtud de Platini era la inteligencia, la sutilidad con la que ejecutaba sus acciones. El juego duro y la mediocridad no estaban hechos para él. En la práctica, siempre que podía rehuía el contacto físico, en el que tenía mucho que perder.

De izquierda a derecha: Bernard Genghini, Luis Fernández y Jean Tigana.

Platini siempre estuvo rodeado de jugadores que le hicieron el trabajo un poco más fácil. En la Selección francesa, Jean Tigana, Bernard Genghini y posteriormente Luis Fernández fueron sus fieles escuderos. Ellos eran quienes recuperaban los balones que Platini y Alain Giresse transformaban en gol o en jugadas de peligro. Liberado de la esclavitud del sistema, Platini se convirtió en el mejor «cerebro» de fútbol ofensivo de Europa.

Anticiparse a la siguiente jugada

Cuando alcanzó su mejor momento de forma, a mediados de los años 80, el repertorio de Platini era impresionante. Jugaba preferentemente por la zona izquierda del campo pero, en la práctica, su área de acción era toda la zona cercana a la portería contraria. Como no buscaba el contacto físico, se las ingeniaba para atraer a sus marcadores fuera del área para tener más espacio para jugar el balón en condiciones y buscar a sus compañeros desmarcados. Una de sus virtudes era que pensaba la jugada siguiente incluso antes de acabar la que estaba ejecutando. Además, siempre supo sacar partido de sus delanteros, jugadores que se acoplaron perfectamente a él, futbolistas polivalentes y con recursos en el juego en corto, el pase a cuatro o cinco metros de distancia como mucho y que pudieran fabricar huecos para que él mismo ensayara el disparo desde media y larga distancia.

Platini efectúa un tiro libre con su selección.

Ésa era otra de las grandes virtudes de Platini, su disparo desde lejos, con el que sorprendía a unos porteros que esperaban el pase a un compañero. Platini solía ejecutarlo de dos maneras: era capaz de conectar una volea impresionante, con fuerza y colocación, o, por el contrario, podía recurrir a su exquisita técnica para poner la pelota donde quería dando la impresión de que lo hacía sin querer. Este perfecto toque de balón lo convirtió en un consumado especialista en el lanzamiento de tiros libres. Su pie izquierdo era un «guante» que le permitía superar barreras contrarias con suavidad, imprimiendo al balón un efecto perfecto, de manual. También era el encargado de ejecutar los penaltis en sus equipos.

Dónde jugaba Platini

Platini conduce un balón (1984)

Era muy difícil ver a Platini dentro de la mitad del campo de su equipo, pues era un jugador eminentemente ofensivo. Prefería jugar sobre la zona izquierda de su ataque, pero ello no le impedía ocupar a veces posiciones más en el centro ya que necesitaba espacio para poder buscar un compañero desmarcado o disparar el mismo a puerta. Su olfato goleador le permitió marcar muchos goles sin ser jugador de área, aprovechando los espacios libres que creaban sus compañeros.

Alemania, su «bestia negra»

Platini muestra a su afición el Balón de Oro obtenido en 1985.

Michel Platini disputó tres mundiales con Francia. En 1978, era un joven de 23 años —nació en Joeuf el 21 de junio de 1955— que dio muestras de poseer una gran clase. En 1982, en España, ya era el líder de un equipo que jugó de maravilla pero que cayó en semifinales contra Alemania Federal en la tanda de penaltis después de un partido dramático. Cuatro años más tarde, en 1986, nuevamente la RFA fue el obstáculo que le impidió disputar la final. Pese a ello, su palmarés es envidiable, ya que ganó títulos con el Nancy-Lorraine (una Copa), el Saint-Etienne (una Liga), la Juventus (dos Ligas, una Recopa, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental) y la Selección francesa (la Eurocopa de 1984). También fue elegido Balón de Oro del fútbol europeo en 1983, 84 y 85.

Curiosidades

Michel Platini fue tres años consecutivos el máximo goleador de la Liga italiana. Y eso sin ser un delantero puro al uso y en un fútbol tan competitivo como el italiano. En la Temporada 1982-83 anotó 16 tantos, en la 1983-84 hizo 20 y en la 1984-85 marcó 18.

Marcó el gol de penalti que dio a la Juventus la Copa de Europa de 1985 ante el Liverpool. Aquél fue el triunfo más triste para Platini, que no celebró su gol ni el título europeo más importante. Minutos antes de comenzar el encuentro, 39 aficionados italianos murieron en las gradas del escenario del partido, el estadio Heysel de Bruselas.

«Algo en mi murió. No juego al fútbol para ver a 39 personas morir en un estadio. Esa no es mi filosofía del futbol. Fue muy difícil cuando regresé a Turin. Fueron momentos muy difíciles y regresé dos días después al hospital en Bruselas para visitar a los italianos que seguían ahí».
-Michel Platini a Esquire, 2005

El francés Michel Platini es el máximo goleador de la historia en las fases finales de la Eurocopa, con nueve tantos, empatado con Cristiano Ronaldo, dos más que el delantero inglés Alan Shearer, y tres por delante de su compatriota Thierry Henry, los holandeses Patrick Kluivert y Ruud van Nistelrooy y el portugués Nuno Gomes, con seis cada uno.

«Le Roi» Platini

Inteligencia: Platini «leía» los partidos como pocos. Su visión de juego era extraordinaria. Sabía dónde estaba el compañero desmarcado o si debía retener el balón para no perderlo.

Resistencia física: No era un jugador especialmente resistente, pero su misión en el equipo era la de crear juego, no la de robar balones. Siempre rindió a la perfección en los campeonatos de máximo nivel que disputó.

Toque: Platini «tenía un guante» en el pie. Ponía el balón donde quería, como demostró en los innumerables tiros libres que transformó en gol, una de sus especialidades

Habilidad: Su dominio del balón era prácticamente perfecto. Su técnica le permitía encarar a sus marcadores y dejarlos atrás con un preciso regate o un ligero cambio de ritmo antes de jugar con otro compañero.

Psicología: Platini era un «director de orquesta» impecable: llevaba el control del partido y sabía cómo mover a sus compañeros. Su inteligencia y personalidad le daban una gran autoridad en el terreno de juego y sus compañeros los buscaban constantemente porque sabían que él encontraría la solución más fácil para llegar a la portería rival.

World in Motion – New Order

En la década de los ’90 empezó a ponerse de moda una corriente en cuanto al fútbol y la música: pedir a algún grupo del país que compusiese una canción con la que animar al personal y de paso tratar de convertirla en el himno oficioso del mundial o eurocopa de turno. Los New Order dieron su toque personal a la canción que llevó la Selección inglesa en la mochila rumbo al mundial de Italia ’90.

La Selección inglesa con una plantilla notable en el mundial de Italia ’90 fue capaz de colarse hasta semifinales (con un juego algo ramplón y resultados a veces un tanto raquíticos), donde fue derrotada por la que fue a la postre campeona del mundo, Alemania Federal.

Cuando eche la moneda por la ranura sonará «World in Motion» de los New Order. La banda británica fue creada en 1980 tras la desaparición de Joy Division (uno de sus miembros se suicidó y los integrantes supervivientes crearon New Order), y aunque se han movido sobre todo en el panorama tecno y dance alternativo han tocado diversos palos a lo largo de su dilatada carrera (siguen en activo a día de hoy).

Los New Order en plena cresta de la ola cuando llenaban pistas de baile al ritmo de su Blue Monday (1983).

En 1990 reciben el encargo de componer un tema a petición de la Federación Inglesa de fútbol para utilizarlo como promoción de la selección camino del mundial de Italia´90. Tiene tanto éxito que llega al número uno del Reino Unido. En el tema, de aire muy dance, cantan junto al vocalista del grupo algunos integrantes de la plantilla inglesa como Barnes, Beardsley, Gascoigne, Waddle, Steve McMahon y Des Walker. John Barnes se marca un pequeño rap de composición propia que aparece casi al final del tema.

¡Ahí va la moneda para que suene «World in Motion»!

La Italia de 1982

El Mundial de España ’82 dejó para el recuerdo una gran sorpresa: Italia, fuera de todo pronóstico, dio la vuelta de honor y se convirtió en la segunda selección tricampeona de la historia.

Claudio Gentile, en primer plano, acude a consolar a un alemán federal. Detrás, Antonio Cabrini y el resto del equipo italiano dan rienda suelta a su alegría, tras conseguir en la final de España ’82 su tercer título mundial.

La primera fase del campeonato confirmó lo que sostenían los especialistas. La Italia dirigida por Enzo Bearzot —un hombre crítico con el fútbol mezquino que se jugaba en la península— pasó de milagro la ronda inicial con tres míseros empates: ante Polonia (0-0), Perú (1-1) y Camerún (1-1). Nadie apostaba lo más mínimo por un juego pesado, sin cambio de ritmo, anodino.

Cuando el sorteo posterior indicó que Argentina (entonces campeona del mundo) y el Brasil de Telé Santana (el gran candidato, con un centro del campo de lujo, integrado por Toninho Cerezo, Falcão y Sócrates) eran los rivales de la segunda ronda, en el estadio barcelonés de Sarrià, la suerte de Italia pareció echada. Pero todo se transformó de golpe: más allá de los triunfos por 2-1 y 3-2, respectivamente, ante los dos grandes de Sudamérica (Uruguay no participó), Italia inició una remontada histórica de la mano de un fútbol sólido, preciso y contundente.

La «zona mixta»

La «zona mixta» de Bearzot empezó a funcionar, y el 5-3-2 básico se convertía rápidamente en un 3-5-2 que permitía a Italia controlar los partidos desde el centro del campo. Ahí estuvo la clave: cuando tenía la pelota, el equipo italiano mostraba criterio, y cuando la perdía, se replegaba en bloque y con celeridad. Lo hacía todo simple.

Enzo Bearzot, el seleccionador italiano, es llevado a hombros por el estadio Santiago Bernabéu, instantes después de finalizado el partido ante Alemania Federal. La misma prensa italiana que en la primera fase publicó «Vete, estás viejo» se rindió ante el técnico tras la victoria.

Ciertamente, la táctica hubiera servido de muy poco si no fuera porque rozaron la perfección individual futbolistas de la talla de Paolo Rossi, el máximo goleador del torneo, con seis tantos; el líbero Gaetano Scirea; el exquisito mediocampista Giancarlo Atognoni; y el veterano portero Dino Zoff (con sus 40 años cumplidos, era el jugador más viejo del campeonato junto al peruano Héctor Chumpitaz).

Los grandes colaboradores

Nombres como Claudio Gentile (su marcaje sobre Diego Armando Maradona fue muy duro y quedó impune), Marco Tardelli (un motor imparable en el «ida y vuelta»), Bruno Conti (todo habilidad por la banda derecha) y Antonio Cabrini, por citar algunos, fueron las piezas justas de un equipo homogéneo que llegó a la final ante la República Federal  de Alemania con el menor esfuerzo posible, con un 2-0 a Polonia.

El 11 de julio de 1982, en el estadio Santiago Bernabéu, Italia arrolló a la Selección alemana federal, sostenida por Uli Stielike desde el fondo y con Karl-Heinz Rummenigge como arma ofensiva, y se convirtió, después de Brasil, en la segunda selección tricampeona (1934, 1938 y 1982). Aquel equipo de la final (Zoff —capitán—, Gentile, Collovati, Bergomi, Scirea, Cabrini, Oriali, Tardelli, Conti, Graziani y Rossi) demostró que los «viejos» de Bearzot todavía tenían «cuerda». El 3-1 fue una lección histórica.

Dino Zoff, Francesco Graziani, Giuseppe Bergomi, Gaetano Scirea, Fulvio Collovati, Claudio Gentile; Bruno Conti, Paolo Rossi, Gabriele Oriali, Antonio Cabrini y Marco Tardelli

«Si salimos a jugar como bailarinas, seguro que no les ganamos»

Sandro Pertini

La frase del entonces presidente italiano, Sandro Pertini, minutos antes de que sus compatriotas pisaran el césped del Santiago Bernabéu, quedó para la historia. El jefe de Estado más veterano de aquella Europa dejó esas palabras y una imagen inolvidable que recorrió el mundo cuando «su» Italia se coronó tricampeona: su comportamiento en el palco de honor, llegando a los gritos y a las lágrimas al lado de Juan Carlos I, rey de España, mostró lo que era: un verdadero tifoso. Rompió con todas las convenciones del protocolo.

Curiosidades

Paolo Rossi llegó al Mundial de España casi sin haber disputado partidos oficiales, tras cumplir una sanción de dos años por su implicación en un caso de apuestas clandestinas.

Ha habido muchos casos de hermanos integrando una misma selección, pero el de los hermanos Víctor y Vyacheslav Chanov es muy curioso. En el Mundial de 1982, ambos integraban la selección de la Unión Soviética… ¡y los dos eran porteros!. Sin embargo, ninguno pudo jugar ya que el guardameta titular era el fenomenal Rinat Dassajev.

En Valladolid se enfrentaron las selecciones de Francia y Kuwait. Con 3 a 1 para los galos, Francia anota su cuarto gol. Unos segundo más tarde, el príncipe heredero de Kuwait y presidente de la Federación de fútbol nacional, salta al terreno de juego con su túnica y turbante y ordena a sus jugadores que se retiren del partido. Tras hablar con el colegiado e indicarle que había sonado un pitido desde algún lugar (probablemente desde las gradas) que había hecho que sus jugadores se parasen, se anula el gol. Finalizado el Mundial, el príncipe acusó a la FIFA de mafia.

Se produce la mayor goleada en una Copa del Mundo: Hungría derrota a El Salvador por 10 a 1.

Durante el Mundial disputado en España se pudo ver uno de los goles mas rápidos de la historia, lo anota Brian Robson de Inglaterra a Francia. Sólo transcurren 27 segundos de partido.

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